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lunes, 8 de octubre de 2007

La columna de Miguel Guerrero

Por Miguel Guerrero

En su muy leída columna en Diario Libre, Adriano Miguel Tejada formuló ayer una serie de preguntas sobre el escándalo de los pagarés suscritos por el Estado a favor de la Sun Land, una agraciada y misteriosa empresa respecto de la cual el país carece en lo absoluto de información.

Por su buen nombre y el de la república, el gobierno del señor Fernández no puede dejar esas preguntas sin respuestas. Los voluminosos documentos presentados a la opinión pública sobre el caso por el PRD son demasiado comprometedores como para intentar cerrar el caso restándole autoridad o calidad moral al denunciante, o simplemente acusándole de haber incurrido en las mismas prácticas en el pasado.

Es posible que el silencio oficial termine, como siempre sucede en el país, dejando a un lado el asunto con la esperanza de que otro escándalo lo sepulte en la memoria nacional. Y es casi seguro que al final si opta por ese recurso todo quede igual y no se vuelva a hablar más del tema.

Si algo como eso llegara a ocurrir los medios tendrán que cargar con parte de la responsabilidad que ello conllevaría. Lo mejor que pudiera sucederle al país e incluso al propio gobierno es que este tipo de negocio quedara debidamente aclarado, en provecho de la transparencia de la que tanto se habla y tan poco se practica.

Ninguna de las explicaciones intentadas hasta ahora para justificar ese oscuro contrato, mantenido inexplicablemente en secreto, satisface las expectativas de la población.

El problema no consiste en el uso del dinero proveniente de los pagarés ni de la importancia de las obras a realizar o en ejecución en la universidad estatal. Eso tendrá que dilucidarse más tarde.

Lo que se discute es la legalidad del préstamo y el cuestionable secreto mantenido a su alrededor. El gobierno no puede seguir ignorando el legítimo derecho del país a saber con exactitud todo cuanto en este caso se esconde.

Miguel Guerrero es escritor y periodista
mguerrero@mgpr.com.do

viernes, 5 de octubre de 2007

La columna de Miguel Guerrero

Por Miguel Guerrero

Cada día la criminalidad y la delincuencia le ganan espacio al sosiego. No transcurren veinticuatro horas sin noticias de atracos, asaltos, asesinatos y secuestros. El clima de seguridad ciudadana se deteriora.

No se está ya seguro ni en su propia casa o centro de trabajo. Los delincuentes penetran a los hogares y negocios con absoluta impunidad, como si no temieran a la autoridad o se sintieran dueños de todos los ambientes.

Temerosos, e indefensos ante este exceso de brutalidad, los ciudadanos optan por modificar sus hábitos. Reducen sus compromisos nocturnos y no se aventuran por lugares que no frecuentan o desconocen. El incremento de la criminalidad a niveles como pocas veces se recuerda no sólo afectan a los dominicanos.

También golpea los extranjeros, especialmente a los turistas. Aquellos que ávidos de conocer otros lugares y entremezclarse con el pueblo salen del ámbito protegido de los hoteles de nuestros polos turísticos se exponen a ser asaltados y violados, como ya ha ocurrido en numerosas oportunidades.

El país está alarmado y tiene la aprehensión de que la delincuencia seguirá imponiéndose. Esa percepción, correcta o falsa poco importa, terminará minando la confianza en los organismos responsables de velar por la seguridad ciudadana.

Es evidente que si bien la tarea de enfrentar la ola de criminalidad que nos arropa corresponde a la Policía, es justo admitir que los ciudadanos tenemos una enorme responsabilidad frente al fenómeno y es la de contribuir, cada quien en la medida de sus posibilidades, con los esfuerzos que a nivel oficial se realicen, dentro del marco estricto de la ley y la Constitución.

Si no enfrentamos el crimen nuestras calles y ciudades se convertirán en selvas inhabitables. La lucha contra ese mal es una tarea prioritaria.

Miguel Guerrero es escritor y periodista
mguerrero@mgpr.com.do

jueves, 4 de octubre de 2007

La columna de Miguel Guerrero

Es un error creer que las actividades de la oposición son las críticas más ácidas contra el gobierno del señor Fernández. La más efectiva de las campañas en su contra, la que cala más profundamente en la psique de la población, la que produce más confusión y extrañeza, es la que proviene de sus propias entrañas.

Veamos la lógica de este razonamiento. Los dirigentes del gobierno, e incluso el propio Presidente, se han pasado más de tres años denunciando el peligro del “pepehachismo” y la amenaza que esa tendencia dentro del Partido Revolucionario Dominicano representa para la República.

Ocurre, sin embargo, que el área más sensitiva de la administración, la que cuida de la salud económica y financiera, ha estado paradójicamente en manos de ilustres herederos de esa “nefasta” fauna política.

Así lo ha estado señalando insistentemente la figura viva que el jefe del Estado ha dicho que más admira y que en reconocimiento a ese aprecio profesional, intelectual y político mantiene a su lado como asesor con asiento en el Palacio Nacional.

De manera que el inconsciente pepehachismo del señor Fernández le ha dado sus frutos, porque si alguna área funciona es sin duda la que, a despecho del terrible legado de crisis moral y económica en que según todo el gobierno nos dejó sumida la administración anterior, ha sido capaz de recuperar la estabilidad macroeconómica y preservar la tasa de cambio en niveles más o menos aceptables, en la propia evaluación que de su gestión hace constantemente el oficialismo.

Así pues, el incansable esfuerzo que dentro del mismo gobierno se hace contra la autoridad monetaria y financiera, con el aparente tácito consentimiento de las más altas instancias del poder, curiosamente erosiona la imagen del oficialismo mientras reivindica la eficiencia del malvado gobierno anterior. ¡Cosas del folclor político dominicano!

Miguel Guerrero es escritor y periodista
mguerrero@mgpr.com.do

viernes, 28 de septiembre de 2007

La columna de Miguel Guerrero

Por: Miguel Guerrero

El dominicano no es un Estado amigable. Sus leyes y reglamentos les hacen las cosas difíciles a los ciudadanos.

Y su burocracia, lenta e hipertrofiada, no ayuda a aligerar la pesada carga que pesa sobre la sociedad.

En la mayoría de los países avanzados, el Estado está al servicio de la gente.

Dispone medidas con el propósito fundamental de facilitarles a los ciudadanos el cumplimiento de sus obligaciones.

Muy distinto a como resulta entre nosotros. Sacar aquí un acta de nacimiento puede convertirse en una de las tareas más odiosas, exigiendo a veces hasta una o dos semanas, dependiendo del lugar de donde el ciudadano sea oriundo.

Igual sucede con el pasaporte, cuya libreta tiene dos precios, dependiendo de las urgencias de los interesados. Ir a un cuartel policial hasta por una leve infracción de tránsito o un ligero accidente puede resultar una pesadilla.

Y hasta enfermarse, con todo el Seguro Familiar de Salud o tal vez por ello, da lugar a una horrorosa experiencia personal. Todo parece haber sido diseñado con fines puramente fiscales sin tomar en cuenta las posibilidades y necesidades diarias de la gente.

No es que seamos un Estado fallido, como alguna vez se le tildó, pero lo cierto es que los ciudadanos comunes y corrientes pasan las de Caín cuando se enfrentan a alguna calamidad o adversidad, debido al poco respaldo que en situaciones difíciles es dable esperar de los organismos o instituciones públicos. Son escasas las cosas que aquí funcionan. La mejor prueba de ello es el tránsito.

No sólo hay pocos semáforos, buena parte de ellos donados por gobiernos y ciudades del extranjero, sino que en la mayoría de los casos no funcionan por falta de una pieza o electricidad, también donada esta última por empresas privadas.

En definitiva vivimos en un país donde se pagan muchos impuestos y muy poco se recibe a cambio. Una verdad innegable aunque duela.

Miguel Guerrero es escritor y periodista
mguerrero@mgpr.com.do

jueves, 27 de septiembre de 2007

UN MINUTO "Pierda el tiempo: hable en la ONU"

Por: Ramón Colombo

“Reclamamos los principios de un orden internacional en el que prevalezca la justicia equilibrada”… “Aspiramos a que prevalezcan los principios justicieros que equilibren el orden internacional”…

“Los principios justicieros deben prevalecer en la aspiración y el reclamo del orden internacional”… “La justicia es la aspiración del orden internacional en que prevalezca el equilibrio de los principios”…

“Los principios del orden internacional reclaman un equilibrio en el que prevalezca la justicia que aspiramos”… “El orden equilibrado es la aspiración de una justicia internacional basada en los principios que reclamamos”.

Conclusión: El orden de las palabras no cambia el discurso retórico internacional. Moraleja sincera: Decir pendejadas en la ONU es la forma más elegante de perder el tiempo.

De la cuarta a la nueva vía

Por: Guillermo Caram

Para que esta Nueva Vía resulte una opción factible debe lograr una confluencia de los no comprometidos con la forma de gobernar durante los últimos 11 años, principalmente aglutinados en torno al PRSC y la Cuarta Vía

Eduardo Estrella fue proclamado finalmente candidato, no por la Nueva Vía como quería, sino por la Cuarta propugnada por Hatuey; quien sigue empeñado en lograr una opción capaz de conquistar el gobierno en el 2008 y para lo cual ata cabos todavía sueltos de las tradicionales o rebeldes opciones que se le han aproximado.

Como de la física aprendimos que polos del mismo signo se repelen mientras los de signos contrarios se atraen, no es descartable que lo hasta ahora bautizado como cuarta vía, a pesar de ser personificada por un desmembrado del PRSC, pueda concertar con éste una Vía más amplia capaz de aglutinar los partidos no comprometidos con la forma de gobernar desde 1996 hasta la fecha; los cuales han sumido a la nación en un grave malestar económico, social, moral y ambiental.

Ello no sería incompatible con Eduardo puesto que permitiría integrar su Nueva Vía con mayores posibilidades de triunfo opositor, al gobierno presente y a los que han gobernado desde 1996 hasta la fecha, que tanto ha criticado; los cuales han frustrado expectativas forjadas en la ciudadanía al propiciar reformas que han agravado las insatisfacciones ciudadanas y cuyas muestras más representativas la constituyen las reformas de la empresa pública y de la seguridad social; sin olvidar las reformas impuestas por estos gobiernos en materia fiscal, monetaria, ambientales, educativas, energéticas, etc.

Para que esta Nueva Vía resulte una opción factible debe lograr una confluencia de los no comprometidos con la forma de gobernar durante los últimos 11 años, principalmente aglutinados en torno al PRSC y los que conforman la Cuarta Vía.

Se cuenta para ello con la capacidad y experiencia, generacional y profesional, de su candidato, para concertar programas y acuerdos de Gobierno que atraigan los polos que actualmente se repelen.

Al fin y al cabo hay un discurso coincidente: gobernar para los pobres y contra la corrupción; el cansancio ante lo mismo y ante la similitud de gobernar en materia de gasto público, impuestos y endeudamientos, etc.

Y con la sagacidad de los hoy líderes de las organizaciones actuantes para ello: del candidato del PRSC que mantiene los brazos abiertos tanto a los que han abandonado en el presente como los expulsados del pasado y del ideólogo de la Cuarta Vía.

Solo falta la visión y la voluntad para satisfacer el re clamo ciudadano de una Nueva Vía.

Guillermo Caram es político
guillermocaram_candidato@hotmail.com

martes, 18 de septiembre de 2007

La columna de Miguel Guerrero

Por: Miguel Guerrero

En “Esta noche la libertad”, un formidable relato biográfico de Gandhi y de la partición de la India, Dominique Lapierre y Larry Collins describen cómo en sus largas y solitarias jornadas de peregrinación por el vasto territorio de su país contra el imperio británico, se le escuchaba cantar al Mahatma aquellos inolvidables versos de Tagore: “Si nadie acude a tu llamado, camina solo, camina solo”.

El pasaje se aplica al trágico drama que la nación ha vivido en los últimos cuatro años, desde la quiebra del Baninter, calificada por las dos últimas administraciones del Banco Central y la Superintendencia de Bancos, como fraudulenta. Las voces que se han alzado contra ese hecho abominable deben mantenerse mientras fuerzas tengan. No importa que se queden solas o que el manto de la impunidad les castigue con la fuerza de un látigo o de un insulto.

Es evidente que una influyente amalgama de intereses económicos y políticos se ha confabulado para hacerle creer a la opinión pública nacional que la acusación no es más que una conspiración.

Primero, de un gobierno, el de Hipólito Mejía; segundo, de la autoridad financiera y monetaria, en dos administraciones distintas; y, por último, de un grupo reducido de abogados, periodistas y representantes de la sociedad civil.

Todos supuestamente empeñados en hacerle la vida difícil a un grupo por la inocente tarea de haber destruido un banco, y de crear un hoyo financiero que el país tendrá que pagar por veinte años, a un costo muy oneroso como lo demuestran cuatro reformas tributarias en igual número de años.

Si este bochornoso hecho no recibe la sanción debida, habrá pocas razones para seguir viviendo en este país. En los argumentos de la defensa legal se ha pretendido llevarse a medio país por delante, logrando apenas llamar demasiada atención sobre la ambigua y desconcertante posición del gobierno en el caso.

Miguel Guerrero es escritor y periodista
mguerrero@mgpr.com.do

jueves, 13 de septiembre de 2007

La columna de Miguel Guerrero

El ingeniero Eduardo Estrella está a punto de cometer el error de su vida. Si como se especula en los medios acepta su postulación a la presidencia de la República por una coalición de grupos minoritarios, se expone a una derrota aplastante en las elecciones de mayo próximo.

Sufriría una caída de la que difícilmente podría recuperarse o emerger en posteriores eventos como una alternativa válida. La idea de una cuarta vía con posibilidades es una ilusión producto de un errado cálculo de las inclinaciones del país.

Es muy pronto todavía para una solución electoral al margen de los tres partidos tradicionales e incluso el tercero de estos carece de oportunidades reales.

Una cuarta opción o como se le llame sólo contribuiría a fraccionar aún más el voto opositor y garantizarle a la reelección una excelente oportunidad en una segunda ronda de votación o tal vez hasta en una primera vuelta.

Estrella no tiene chance alguno de ganar y su candidatura lo anularía como una verdadera y fuerte alternativa ante la posibilidad de una crisis o un vacío de liderazgo en el futuro.

En la cita convocada para el 16 de mayo próximo, su oferta electoral apenas tendría eco en los círculos de indecisos, que no alcanzan un quince por ciento del electorado, porción que inevitablemente se distribuiría entre otras ofertas por igual sin posibilidad alguna de calar en el sentimiento de la población.

Si finalmente opta por presentarse como candidato ilusionado por falsos espejismos, quedaría anulado incluso entre sus propios compañeros de partido, que le acusarán irremediablemente del fracaso.

Con dos derrotas electorales en su historial, no se le tomaría muy en cuenta en posteriores eventos electorales y cedería el lugar que por derecho le correspondería en el futuro a un falso redentor preparado para aprovecharse del fracaso del modelo político bajo el cual vivimos.

Miguel Guerrero es escritor y periodista
mguerrero@mgpr.com.do

sábado, 8 de septiembre de 2007

¿Revolución moral?

A corto y mediano plazos, más que en la revolución moral, creo en una revolución del respeto, igualdad y justicia. también en el fortalecimiento institucional, y la fortaleza de los poderes del estado, objetivos orientados al bien común.

Buscando la definición de la palabra moral encontré que la Real Academia de la Lengua Española presenta diversas acepciones y una de ellas señala: “perteneciente o relativo a las acciones o caracteres de las personas, desde el punto de vista de la bondad o malicia”.

En Wikipedia alguien o alguna institución definió moral como el “conjunto de costumbres, creencias, valores y normas de una persona o grupo social determinado que ofician de guía para el obrar, vale decir, que orientan acerca del bien o del mal de una acción”.

Más tarde revisé en la UNESCO la definición de cultura y la misma es definida como “el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales, materiales y afectivos que caracterizan una sociedad o grupo social”.

En la lectura detenida de cada una de las definiciones observé elementos comunes que conjugados con el carácter de singularidad de la moral como valor, se podría inferir que así como los individuos tienen valores morales individuales, de coincidir grupos sociales numerosos con conductas parecidas se podría aducir que la moral tiende a ser un valor perteneciente a la cultura de los pueblos.

Recientemente en nuestro país se ha estado hablando de la necesidad de una revolución moral; propuesta plausible, de consenso y necesidad nacional.

No obstante, dada la situación de que la moral se basa en normas sociales y responde a patrones sicológicos conductuales, no es posible realizar una revolución moral sin que cada individuo interiorice la necesidad del cambio.

Me atrevo a pensar que una revolución de este tipo cosechará resultados en dos o tres generaciones de dominicanas y dominicanos.

La propuesta surge de sectores políticos, que si bien dicha clase es la más llamada a actuar con ética y moral, en el sentido de convertirse en entes de cambios y ejemplo para una sociedad que solicita un adecentamiento del ejercicio político.

A corto y mediano plazos, más que en la revolución moral, creo en una revolución del respeto, de la igualdad social y la justicia.

También en el fortalecimiento institucional, y la fortaleza de poderes del Estado, objetivos orientados al bien común.

De esta forma, personas morales e inmorales deberán ajustarse a los mismos patrones, de manera tal que castigue a los inmorales y el resto disfrute de una atmósfera de justicia e igualdad donde se pueda respirar y no moramos de asfixia moral, como el ilustre pensador Eugenio María de Hostos.

Por: Ing. Milton Morrison
miltonmorrison@gmail.com

Tiempo para el alma


“Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar”. Rom. 11. 23.


No importa nuestro origen, nuestra raza, ni nuestro pasado, Dios nunca cierra sus puertas a quien busca de Él, más bien las abre, nos hace pasar y nos tiene un lugar especial aguardando por nosotros. Pero no sólo eso, si en algún momento nos apartáramos de su amor y luego regresáramos, Dios nos vuelve a “injertar”, como hace un jardinero con las ramas rotas.

De modo que si alguien creyera que Dios sólo acoge a unos pocos beatos y beatas, está cometiendo una rotunda equivocación. El “gran árbol” está dispuesto para que sean injertados todos aquellos y aquellas que volvamos nuestra mirada al Señor con un corazón quebrantado y con el deseo de iniciar una vida nueva en Jesús.

tiempoparaelalma@hotmail.com

jueves, 6 de septiembre de 2007

La columna de Miguel Guerrero

Nadie en su sano juicio quiere para este país un gobierno de fuerza, ni mucho menos una situación de facto. Pero una buena parte de la población anhela una mayor exhibición de autoridad frente al desorden que se observa en muchas facetas de la vida nacional, tanto a nivel público como privado.

Aquí no se respeta la ley, ni las reglas del tránsito. Cualquiera se adueña de un espacio público o construye una vivienda o instala un negocio en un área verde.

Los promotores de condominios y edificios de oficinas se apropian de las aceras y avenidas para depositar allí sus materiales de construcción.

Los conductores de autobuses se estacionan en lugares prohibidos y compiten salvajemente por pasajeros, poniendo en peligro las vidas de los usuarios de ese pésimo servicio y transitando a altas y temerarias velocidades por zonas urbanas y en áreas escolares, en total y absoluto desprecio de las señales y las normas que regulan el tránsito.

Por ese camino, la nación se convertirá en la selva que todos tememos y que aquellos acostumbrados a pescar en río revuelto desean para continuar haciendo de las suyas.

Carecemos de buenos ejemplos. Y entre nosotros el que no corre vuela. La delincuencia y criminalidad creciente que padecemos de un tiempo a esta parte, no es más que el reflejo de ese desorden producto de la falta de autoridad.

Notamos esa ausencia en la escuela, los hogares y en todo lugar donde nos desenvolvemos. Bajo el peso de esa carencia se han ahogado muchos de los valores que alguna vez la sociedad apreció en su justo valor.

Cosas aparentemente sencillas pero que marcan la diferencia, como el saber dar los buenos días y pedir permiso para levantarse de una reunión o entrar a una sala ocupada.

Nuestros jóvenes han olvidado dar las gracias y las caras hurañas han suplantado, en calles y oficinas, aquellas famosas sonrisas propias del alegre temperamento nacional.

Miguel Guerrero es escritor y periodista mguerrero@mgpr.com.do