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jueves, 13 de septiembre de 2007

Dureza contra el crimen ambiental

La integridad de los recursos naturales y el medio ambiente del país están bajo constante y creciente amenaza.

Al menos eso se deduce de las reflexiones que, por separado, hicieran el presidente de la Suprema Corte de Justicia, doctor Jorge Subero Isa, y el sociólogo Max Puig, que hasta mediados de agosto pasado fuera secretario de Estado de Medio Ambiente y Recursos Naturales.

El magistrado Subero Isa ha propuesto la creación de tribunales especiales para juzgar los actos contra el medio ambiente y los recursos naturales que, según afirma, están siendo destruidos debido a mala política -de preservación, suponemos- y a falta de sanciones.

De otro lado, Puig afirma que durante su ejercicio como secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales tuvo que enfrentarse a intereses que quieren “desguazar” el país para repartirse bosques, ríos y playas.

Hay, pues, argumentos de peso de voces autorizadas que permiten colegir que la amenaza contra los recursos naturales y el medio ambiente es más grave de lo que parece.

II

Uno de nuestros más graves problemas en materia de preservación de recursos naturales es la falta de correspondencia entre la magnitud de los daños y perjuicios y la naturaleza del castigo aplicado a quienes los cometen, cuando suelen ser castigados.

Quizás sea digna de estudio nuestra vocación por magnificar las penas imponibles a quienes cometen delitos o crímenes contra individuos o sus propiedades, y minimizar, o ridiculizar en algunos casos, las sanciones por crímenes y delitos contra la colectividad, contra la nación.

La depredación de los bosques, por ejemplo, se traduce en perjuicios para todo el país, pero la magnitud de la pena por este delito no supera la de cualquier perjuicio físico o en materia de bienes y propiedades cometido contra individuos.

Es probable que la magnitud insignificante de los castigos por delitos medioambientales constituya el mayor estímulo para las prácticas que motivan las quejas de Subero Isa y Puig.

III

En virtud de que tienen asidero las quejas del ex secretario de Medio Ambiente y el presidente de la Suprema Corte de Justicia, y tomando en cuenta que la preservación de los recursos naturales ha pasado a ocupar el tercer orden en la lista de prioridades en materia de seguridad nacional, es preciso someter a revisión todas las normativas correspondientes a este capítulo.

Hace algún tiempo, por denuncias del propio Max Puig, estalló una confrontación con legisladores empeñados en “recortar” las áreas protegidas con propósitos nada sanos para el interés nacional.

La mira de mucha gente interesada en explotar proyectos turísticos y de otras índoles está sobre áreas protegidas de mucha importancia para el equilibrio ecológico del país.

Nuestra falta de firmeza en la preservación del ambiente y los recursos naturales ha sido la causa principal de la desaparición de decenas de ríos, arroyos, humedales y bosques.

Es necesario modificar todo lo que haya que modificar con tal de poder castigar con mano dura los crímenes ambientales.

MIS BUENOS DIAS "Ladrones por todas partes"

RAFAEL MOLINA MORILLO

Se robaron la tarja que identificaba una de las casas donde vivió el prócer Ramón Mella, uno de los padres de la Patria. Ya antes habían hurtado en Santiago una placa conmemorativa en la casa donde vivió el presidente Antonio Guzmán Fernández.

Estos robos se suman a la misteriosa desparición de la espada del Generalísimo Máximo Gómez, en el monumento en su honor ubicado en la avenida del mismo nombre haciendo esquina con la “27 de Febrero” en Santo Domingo, y muchos otros robos de partes en lugares de recordación histórica.

Paralelamente los cacos robaron parte de la verja del antiguo parque zoológico, la “caja de limpiabotas” del conjunto escultórico de Peña Gómez rumbo al aeropuerto de las Américas, así como continúan sustrayendo tapas de los contadores de agua en las aceras públicas y kilometros de cables transmisores de energía eléctrica destinada al alumbrado de calles y avenidas.

Pero no es solo eso lo que nos roban los ladrones. Otros, de saco y cortata, nos roban día a día la confianza y los deseos de vivir en este país. Me refiero a los corruptos que nos rodean por todas partes. Los politicos corruptos, los comerciantes corruptos, los civiles y militares corruptos, los funcionarios corruptos.

A unos y otros hay que ponerles coto. Tarea difícil, más en el segundo caso que en el primero. Pero no imposible. Solo hace falta voluntad política desde el gobierno, y fortalecimiento moral en la parte sana de la población.

Basta ya de permitir que nos roben. ¡Manos a la obra!

(r.molina@codetel.net.do).

sábado, 8 de septiembre de 2007

Por la libertad de conciencia

Por:JUAN BOLÍVAR DÍAZ
En mis recorridos por el mundo he tenido oportunidades de visitar legendarios y monumentales templos religiosos, donde cientos de millones de seres humanos han practicado la introspección espiritual a lo largo de siglos.

Y no sólo catedrales de la fe cristiana con la que estoy comprometido desde la niñez, sino también templos budistas, sinagogas judías y mezquitas mahometanas.

En cada uno de esos centros he entrado con absoluto respeto, realizando las reverencias que sus fieles observan, convencido de que la inmensa mayoría de los que realmente profesan fe religiosa son dignos de alcanzar la paz espiritual y la trascendencia.

Un planteamiento religioso que nunca he aceptado es que sólo los católicos, ni siquiera todos los cristianos, estamos llamados al reino de Dios, que los demás están perdidamente condenados, ahora no sé bien si al infierno o al limbo. No he podido aceptar que alguien por haber nacido bajo otra fe religiosa, aún observando los mandatos esenciales del amor, pueda tener menos méritos ante Dios que yo por ser católico.

Siempre he creído que quienes practican ese nivel de sectarismo tienen una concepción muy limitada de Dios. Por más que leo los evangelios no encuentro planteamientos tan excluyentes, rígidos y mezquinos. En pocas palabras, que si Dios es amor, tiene que ser inconmensurablemente amoroso, amplio y generoso.

Por eso cuando busco un poema que defina mi proceso de introspección espiritual, vuelvo a uno de León Felipe que descubrí hace 40 años en el teatro del bosque de Chapultepec en la ciudad de México: "Nadie fue ayer, ni va hoy ni irá mañana hacia Dios por este camino que yo voy. Para cada día tiene un nuevo rayo de luz el sol, y un camino virgen Dios".

He vivido apegado a los principios fundamentales del cristianismo, pero convencido de que toda fe religiosa es asunto de conciencia, que no puede ser impuesta por ninguna autoridad. Tampoco puedo pretender imponer a los demás mis valores, ni siquiera vivir con la prepotencia de que monopolizo la certeza divina.

Es por todo lo anterior que disiento de quienes abogan porque sus convicciones religiosas se impongan a toda la sociedad, aún en cuestiones ampliamente discutidas por la ciencia y legisladas en gran parte del mundo, como el de las circunstancias y momentos en que se puede practicar un aborto.

No abogo por el aborto pero, rogando por adelantado que no me crucifiquen ni me acusen de asesino, creo que es injusto perseguirlo y castigarlo en los casos en que esté determinado por la salvación física de la madre, o cuando a ésta le ha sido implantado a la fuerza un germen de vida. Y cuando esté todavía en proceso de conformación, como acuerdan las leyes de la mayoría de las naciones del mundo desarrollado.

El debate ha sido profundamente apasionado en el país, excesivamente matizado por las confesiones religiosas, hasta el nivel de pretender aplastar las conciencias disidentes, hasta el chantaje inaceptable. La manipulación ha sido tan fuerte que la mayoría no entiende que lo que se debate en el Congreso es una despenalización parcial, sólo para los casos de violación e incesto y cuando se juega la vida de la madre.

Respetaría profundamente y tendría mi admiración una mujer que por convicciones religiosas o deseo de dar a luz un ser humano acepte completar el proceso aún cuando su médico le haya advertido que se juega su propia vida. También respetaría a una joven que por razones de conciencia acepte desarrollar un germen de vida que le haya sido implantado con asalto y violencia.

Por las mismas razones, merecen mi respeto y comprensión aquellas mujeres que decidan no desarrollar un fruto de la fuerza bruta o las que entiendan que su vida misma está por encima de un germen humano.

Comprendo que los defensores de la posición absolutista no guarden respeto por esa decisión, pero no que tengan derecho a reclamar persecución y cárcel para aquellas, en un ejercicio de hipocresía, puesto que saben que cada año suman decenas de miles los abortos de cualquier género y circunstancias que se practican en el país, sin que una sola mujer haya sido condenada por eso en los tribunales. Casi en ninguna parte del mundo.

En conclusión, que lo que se persigue no es hacer una justicia, que en este caso se sabe imposible, sino sancionar un acto de conciencia, imponer sus preceptos a todos y todas. Creo que todo aborto comporta traumatismo, pero abogo por la libertad de conciencia. Por eso prefiero la educación y los medios para planificar la familia, especialmente de los desvalidos económicos y sociales.

viernes, 7 de septiembre de 2007

Mis buenos días

De fiero león a manso corderito
Esto sucedió ayer. Conducía yo mi automóvil por la avenida Ortega y Gasset, detrás de una imponente jeepeta negra con vidrios tintados y sin placa, aunque con un coqueto cartelito a colores que decía “Placa Perdida”.

Una mujer policía de Amet que se percató del asunto, le hizo una seña a su colega que estaba más adelante, un fornido Amet que, con suma diligencia se interpuso ante la jeepeta, sacó de un bolsillo su libreta de notas con lapicero y todo, y fiero como un león le reclamó sus documentos al conductor o conductora (no pude percatarme de si era hembra o varón, por lo de los vidrios tintados).

Lo que sí pude ver con toda claridad fue que prontamente de la ventanilla de la jeepeta salió, rígido y sin vacilaciones, un brazo en cuya mano se blandía, no los papeles exigidos por el agente de Amet, sino un teléfono celular.

No pude escuchar el diálogo allí entablado, pero lo adiviné de inmediato al observar que el agente se llevó el celular al oído, y acto seguido cambió su rostro feroz por una expresión angelical, bondadosa, cortés, sumisa y lambona. Pidió excusas por la molestia a la persona que iba dentro del vehículo y, convertido de fiero león en manso corderito, dejó que la jeepeta en falta siguiera su camino, deseándole, de paso, una feliz tarde. De casualidad no le sirvió de flanqueador.

No creo necesario explicar el “misterio”. Seguramente que el tipo o la tipa dentro de la jeepeta llamó por teléfono a algún general o coronel canchanchán suyo, el cual, pasándole por encima a las leyes, le ordenó al agente de Amet que dejara esa persona tranquila.

Conclusión: así no se puede. Así no vamos a llegar lejos. Razón tenía Hipólito cuando decía que “todavía falta mucho por hacer”.

Por: Rafael Molina Morillo
(r.molina@codetel.net.do)

El culto de la personalidad

En nuestro país, desgraciadamente los habitantes de esta isla, somos adictos al mal que se denomina el culto de la personalidad, en el cual, para deshonra o enaltecimiento, a funcionarios del gobierno, sin tener que recurrir a esta práctica, nos empeñamos en resaltar personajes o políticos que por el poder que detentan deben se ensalzados por funcionarios de menor categoría, con la esperanza de que no serán removidos de su cargo, y si es del agrado de a quién va dirigida la "exaltación", ser mantenidos en el cargo o promovidos a uno mejor. En palabras llanas, esto tiene el nombre de "lambonismo", "tumba- polvos" o conforme al último diccionario de la Real Academia Española: "lameculos"”.

¿Por qué los funcionarios públicos de éste y otros gobiernos que han pasado por el poder, utilizan la figura del Presidente de la República para ensalzarlo en las fiestas patrias? Con motivo de la efemérides del 16 de Agosto en honor a la Restauración de la República, los acólitos y aduladores del señor Presidente de la República, quienes están llamados a resaltar las Efemérides Patrias pagaron páginas enteras en los diferentes diarios de circulación nacional, en las cuales el Presidente de la República, doctor Leonel Fernández, salía en un tamaño de media página, y el héroe de la Restauración, general Gregorio Luperón, apenas salía en una esquina montado en un caballito encabritado. Para neófitos en historia, parecería que la epopeya de la Restauración fue llevada a cabo por el presidente Fernández y que Luperón fue sólo una figura decorativa, que debe ser mencionado por obligación, no obstante los años transcurridos.

Para que se tenga una idea de lo distorsionado que resulta este tipo de promoción desmesurada, basta recordar el episodio harto conocido del hotel Matum, en el cual el orador principal, doctor Eduardo Sánchez Cabral, en homenaje al licenciado Federico Carlos Alvarez, olvidó mencionar la figura "egregia del ilustre Benefactor de la Patria y Padre de la Patria Nueva", lo que les causó prisión y maltratos, por ser unos "malagradecidos" que no reconocieron la ingente labor desarrollada por el "Ilustre Jefe". A raíz de este incidente, circuló el chiste muy ilustrativo propio de lagoteros y no obstante ser muy conocido en aquella época, lo vamos a relatar en beneficio de las nuevas generaciones. En un aula de párvulos, la maestra pregunta a un pequeñín: ¿Quién descubrió América? El párvulo muy orondo le responde: "Maestra, fue Cristóbal Colón". Enseguida un condiscípulo le acota: ¡Recuérdate lo del Matum! El avispado colegial reacciona de la manera siguiente: Profesora, fue Cristóbal Colón, por expresa disposición del generalísimo Trujillo. Parodiando esta historia podríamos colegir que la gesta de la Restauración, conforme a la página de los periódicos aludida, fue llevada a cabo por disposición expresa del presidente Leonel Fernández. ¡Salve adulones de la Comisión de Efemérides Patrias y otros organismos pelotilleros!

El recién cancelado jefe de la Policía Nacional fue un gran cultor del "culto a la personalidad". No había día que éste, hasta entonces desconocido miembro de la Policía Nacional, no saliera en la prensa escrita, la radial o la televisiva, en donde se destacaran sus virtudes y que gracias a que por "expresas disposiciones del eficiente, activo y competente jefe policial, se había logrado del objetivo". Si a este "figurero" jefe de una institución tan cuestionada se debían los objetivos logrados cuando llevaban a cabo una eficiente redada, para qué se le pagaba un sueldo si no era para resolver dichos problemas, sin tener que ir a un medio radial, escrito o televisivo y ensalzar sus habilidades y virtudes. Este protagonismo excesivo, lo llevó a ser sustituido, al notar el señor Presidente que los ciudadanos estaban "hartos" de este infundado personaje que se atribuía todos los logros de la Policía y que aparte los "cacareaba" en un programa llamado "La Policía TV". En otras palabras, se le subió, como se dice, los humos a la cabeza, por no decir otra cosa.

Nuestra prensa, no obstante su juventud, podríamos decir que ha madurado bastante después del obsesivo "culto a la personalidad de Trujillo". Si repasamos las páginas de los periódicos de antaño, especialmente durante los treintiun años que duró la denominada "Era de Trujillo", notaremos con pesar, cómo los funcionarios públicos de ahora se comportan de igual manera que cuando fuimos manejados de manera dictatorial por el régimen de Trujillo. Se podría afirmar, con mucho pesar, que todavía no hemos salido de aquellos años oscuros, sobre todo en lo que respecta a la adulonería que situaba al jefe del Estado como el supremo hacedor de todo, sin que se analice que el sueldo que percibe es para que haga todo lo que prometió en campaña y que, sin embargo, por la magnitud de los ofrecimientos siempre se quedan en promesas de campaña.

Por:JOSÉ ANTONIO MARTÍNEZ ROJAS

sábado, 25 de agosto de 2007

¿Para dónde irán los indios?

A los que tienen la habilidad para desprenderse de la política y la pelota, los dos deportes nacionales de multitudes, seguramente no le habrán pasado por alto dos importantes revelaciones de la encuesta Gallup para HOY publicada a lo largo de esta semana: que el 57 por ciento de los dominicanos y dominicanas están dispuestos a irse del país, y que casi la misma proporción, el 55 por ciento, se consideran indios.

A decir verdad ambos datos ya habían aparecido en anteriores investigaciones sociales. Pero no dejan de causar sorpresa y preocupación. Porque cada vez es más frecuente escuchar la determinación de muchos de abandonar el país, sobre todo los jóvenes, los que tienen ilusión de vivir, progresar y garantizarse un futuro sin incertidumbres.

Pero el hecho de que tantos se consideren descendientes directos de Anacaona y Hatuey, obliga a preguntarnos para dónde irán los indios dominicanos, en qué sociedad piensan asentarse sin abrir nuevos cauces a la frustración, y en qué medida seguirán negados a aceptarse y partir de lo que son.

El problema es que en todas partes se están cerrando las fronteras para la inmigración, por cierto la mayor incongruencia o contradicción con este mundo tan globalizado e interdependiente. Pero cada vez será más difícil encontrar colocación en las brechas laborales de la emigración, aunque por suerte las fuentes europeas adolecen de descrecimiento poblacional y tendrán que seguir recibiendo una cuota para sostener la población tempranamente jubilada.

La reducción de las posibilidades emigratorias tendrá efectos negativos, como el de la disminución de las remesas que han jugado un papel tan importante en el precario equilibrio macroeconómico dominicano, donde el déficit de cuenta corriente de la balanza de pagos pasará este año de los mil 600 millones de dólares. Es decir que gastamos en el exterior mucho más de lo que podemos.

Pero a la nación le conviene que sus hijos dejen de pensar tanto en la huida y acepten la realidad de que esta es la tierra que les fue legada y que aquí tienen que labrar un futuro donde quepan los sueños colectivos. También tendrán que aceptar su realidad étnico cultural y dejar de negar el ascendiente negro bajo el eufemismo de indios.

Con la emigración se ha aliviado la carga social dominicana, tanto por vía del empleo como de las remesas. Pero se ha marchado una proporción muy grande del segmento medio y bajo que no se resigna a la pobreza y el atraso, que tiene fuertes impulsos desarrollistas, que abomina de la pereza y la neutralidad en que se refugió el indio.


El país no puede seguir quedándose solo con los conformistas, muchos de los cuales viven perezosamente esperando el situado de la remesa. De esa forma el futuro es sombrío. Es como esas empresas donde las oportunidades de progreso y las condiciones laborales son tan pobres que emigran los mejores, los que no se conforman con el mínimo.

El dominicano tiene que aborrecer lo minimalista, la neutralidad, el pesimismo y convencerse de que es posible reorganizar esta sociedad, cambiarla profundamente, hacerla habitable. Pero eso sólo será posible multiplicando los militantes de los sueños, los que viven de pies, las mujeres y hombres libres, orgullosos de lo que son y lo que tienen.

Parten el alma los que sólo piensan en escapar, los que no enfrentan la realidad en que viven, los cobardes, los que no se rebelan ante nada y lo aceptan todo pasivamente. No es sobre esas piedras que se podrá edificar la nueva nación dominicana con fuertes instituciones democráticas, sino sobre el rechazo a la cobardía y la mediocridad.


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Por Juan Bolívar Díaz